Cataluña y la ruta del vino
Cuando Raúl me dijo salud por cuarta vez, recién pude entender porque le decían a estos lugares las tierras del vino. Es que el dinamismo enólogo es tanto y la devoción de su gente superior, que no acompañar una comida con alguno de ellos es vista como una pequeña blasfemia.
Once son sus denominaciones, once son esas magias que hacen un festín en tu boca; de la cuales destaca por sobre todas la denominación de origen Cava, pues casi el 90% de producción de este espumoso se concentra al sur de donde estoy, Cataluña.
Ante tanta variedad de vinos y delicias una nueva forma de turismo se ha venido gestando: el turismo enólogo o enoturismo. Para ello se están creando programas como La ruta del Vino, un recorrido turístico que busca mostrar campos de vinos, cultura de la población, así como bodegas de cavas y de vinos de diversas denominaciones de origen pertenecientes a la provincia de Cataluña.
Una de las Rutas de Vino en Cataluña es la llamada “Mar y viñas en el Penedes”, que comprende un total de 148 kilómetros y comprende las ciudades de Barcelona, Sitges, Vilanova, Vilafranca, Sant Sadurni d’Anoia, Sant Cugat del Vallès y Alella.
Arribar a Barcelona por gracia del vino es hacer de esta visita una experiencia agradable para el paladar, aparte de recorrer la ciudad y de disfrutar de su arquitectura, se está presto a visitar las mejores bodegas. Sin embrago, es el Sitges en donde sí se puede entrar en un contacto más directo con el vino, pues el visitante podrá apreciar viñedos y disfrutar de la fiesta de la vendimia que se desarrolla en septiembre; asimismo, si se desea degustar de un plato con un vino con vista al mar, qué mejor que Vilanova i la Geltru. Otro de los puntos a visitar es Vilafranca del Penedés, la ciudad del vino, que ofrece una visita al Museo de las Culturas del Vino, así como paseos a los campos enícolas.
En este recorrido podemos pasar también por Sant Sadurni d’Anoia, cuna y hogar de la Cava, en donde en 1872 fueron elaboradas las primeras botellas de este espumoso. Siguiendo la ruta llegamos a San Cugat del Vallès, ciudad que ofrece también un museo del vino y demás atractivos medievales del siglo XIII. Acabando esta ruta con Alella, un tranquilo pueblo con excelentes viñedos y atractivas bodegas que son punto obligatorio para cualquier turista.
Uno no puede dejar de lado ningún punto de estos si se es fiel devoto del dios Baco, como para erigir un templo en su honor en Cataluña y brindar para que nunca abandone este lugar de España.
Imagen tomada de Picasa.
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